EL DIÁLOGO CORPORAL
Cuándo hablamos de los elementos corporales que usa el ser humano en la comunicación, hacemos referencia a un sinnúmero de factores.
No alcanza con decir que el bebé, el niño, o el mismo adulto, para emitir mensajes, para relacionarse con un otro y también, por qué no, con los objetos, usa el cuerpo, o que lo hace a través de él, en él, o con él. Debemos analizar en profundidad, además, cómo, a partir de qué, con qué, se produce el acto comunicativo.
Desglosaremos un mensaje, a modo de ejemplo, para ver cuáles son los elementos que intervienen:
Un bebé tiene hambre. Llora, se tensa, se agita su respiración, enrojece su piel, agita sus miembros.
Estos elementos: movimientos, respiración, tono muscular, llanto, etc. son indicios corporales a los cuales la madre responde; pero... cuidado: el bebé no sólo llora cuando tiene hambre, y la madre no le da el pecho cada vez que llora. Podríamos decir que llora de distintas maneras? Qué la madre interpreta distintos llantos? Los movimientos son similares pero no iguales. Los músculos se tensan; pero no siempre al mismo punto. La madre conoce otros elementos: sabe acerca de los horarios, intuye los motivos, recuerda situaciones similares anteriores. En suma: conoce al bebé, al ser humano con quien se comunica. No hay diálogo verbal y sin embargo son pocas las veces en que una madre responde equivocadamente al pedido de su hijo.
Yendo un poco más allá, a un campo en el cuál no entraremos en detalle porque excede los alcances de este escrito, citaremos ejemplos que nos muestran la contracara: relaciones madre-bebé en las cuáles la comunicación se ve entorpecida; pero que nos ampliarán un poco el panorama:
Un bebé tiene hambre y no llora.
Una madre no puede decodificar los movimientos, balbuceos, llantos, tensiones. Lo que el bebé pide, necesita.
Una madre nunca alza en brazos a su bebé. Le da la mamadera mientras éste permanece en su cuna.
En estos ejemplos estamos situados, sin duda, más del lado de la patología que del de la salud.
Podríamos citar y analizar infinidad de ejemplos que nos muestren la participación e incidencia de factores corporales en la comunicación entre una madre y su hijo, (que los ejemplos citados no incluyan la palabra se debe únicamente a que no es el interés de este texto analizarla; pero entendemos que es un factor determinante en la vida de todo ser humano); pero no sólo el bebé se comunica a través del cuerpo. También el niño que comienza a tener la palabra a su disposición para comunicarse, y el adulto que se apropió prácticamente por completo de ella, usan el cuerpo (el movimiento, la acción, la respiración, el tono muscular, etc.) para emitir mensajes. Podemos afirmar que no siempre lo hacen intencionalmente; que a medida que el niño se apropia de la palabra y se sirve de ella va dejando de lado, progresivamente, su cuerpo como medio de expresión. Pero éste, o mejor dicho, sus manifestaciones, salen a la luz, como decíamos anteriormente, no siempre en forma intencional.
Un abrazo emocionado, un apretón de manos determinado, fruncir el ceño, estar cabizbajo, ponerse "colorado" o tener palpitaciones, son algunos de los momentos en los cuales aparecen manifestaciones evidentes de contenidos inconscientes, que se sirven de los músculos, o de los pulmones, en suma del cuerpo para hacerse presentes.
Cuántas veces hemos percibido los afectos a través de acciones tan cotidianas como lo son el dar la mano o el abrazar a alguien. Cuántas veces hemos visto llegar un chico por primera vez al jardín que, más allá de lo que dice acerca de sus miedos o alegrías está tenso, con los brazos pegados a su cuerpo y la mirada baja.
También aquí la patología nos da ejemplos, tal vez más extremos, de un mismo proceso, "lo que el cuerpo dice":
Los tics, las parálisis histéricas, las enfermedades psicosomáticas, la anorexia nerviosa, etc, son algunos de los síntomas que usan la vía corporal para mostrar un contenido inconsciente; pero, como ya dijimos, este tema excede el alcance de este escrito y sólo lo citamos para llamar la atención sobre la presencia del cuerpo en distintos procesos, tanto en la normalidad como en la patología.
Acerca del desarrollo que sigue la comunicación ya nos hemos explayado lo suficiente. Podríamos agregar, entonces, cuáles son algunos de los elementos corporales que intervienen en ella:
- Respiración: El percibir en el otro, o tener uno mismo, una respiración determinada, como ser: suave, jadeante o profunda, por ejemplo, modificará una situación. En más de una ocasión un suspiro en determinado momento nos puede decir "más que mil palabras".
- Tono muscular: Ya algo mencionamos: uno puede estar tenso, relajado, en puntos intermedios, o con el tono muscular supuestamente necesario para una determinada ocasión.
- Equilibrio: ¿Qué sucede cuándo vemos a una persona cambiar constantemente su apoyo, ya sea de una pierna a otra, o apoyándose en sus manos? ¿Qué sensación nos produce el ver a un individuo perder su equilibrio con cierta continuidad, aunque lo recupere inmediatamente? ¿Que percibimos de alguien que en determinado momento hace evidente que no pierde el equilibrio y que está bien "plantado" en el piso?
- Postura: "Sacamos" el pecho ante determinados estímulos; ante otros, nos encorvamos. Hay situaciones que nos hacen flexionar las piernas reduciendo nuestra altura, así como otras nos hacen estirar tanto como nos es posible. Manteniendo los pies y la cadera al frente, tal vez alguna vez rotemos el pecho, o la cara, de manera que no queden "mirando" hacia adelante, que queden "mirando" hacia un lado.
- Actitud: ¡Qué actitud tan extraña tiene esa persona! Cuántas veces percibimos algo particular y no podemos focalizar con certeza qué es lo que provoca esa sensación. Tal vez determinada mirada, o la flexión de algunos dedos de la mano, o una ligera inclinación de la cabeza. Puede que sea todo eso junto, o cierta combinación particular.
- Mirada: El "sostener la mirada, el evitarla, el mirar de reojo, de "costado", de "arriba", profundo....
- Sensaciones kinestésicas: El sentir el contacto de la piel, de la presencia del otro, puede, en cuestión de segundos, modificar totalmente una situación. También dependerá de que parte del cuerpo entra en contacto con tal otra parte.
En todos los elementos mencionados se incluye la variable "tiempo": durante cuánto tiempo se sostiene el contacto, o la respiración, o el tono muscular...
Claro que "ese tiempo", fundamentalmente es subjetivo, es personal y variable para cada momento. No es mensurable: "un segundo puede durar una eternidad". También variará la intensidad y la profundidad de cada uno de ellos en cada situación determinada.
No hace falta ser un experto para comprender el significado de ciertas miradas y gestos. Todos somos capaces de interpretar el lenguaje corporal una mirada de afecto, un ceño fruncido o una mano que se nos tiende francamente; pero el lenguaje corporal es mucho más complejo, porque todo nuestro cuerpo habla en todo momento. Lo queramos o no, nuestro cuerpo transmite mensajes permanentemente, y a menudo contradice lo que están diciendo nuestras palabras. Estos mensajes son percibidos por los demás -aunque sea de manera inconsciente- y condicionan su relación de comunicación con nosotros.

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